Mensaje de Mons. Víctor Sánchez Espinosa con motivo del bicentenario de la Independencia

curiaarzobispal

A TODOS LOS SACERDOTES  DIOCESANOS Y
RELIGIOSOS,  A   LA  VIDA   CONSAGRADA,  AL
APOSTOLADO DE LOS LAICOS, A TODOS LOS
FIELES  DE  LA  ARQUIDIÓCESIS  DE  PUEBLA.

 

Estimados hermanos y hermanas:

“Bendito eres Señor, Dios de nuestros padres” (Dn 3, 52), este versículo del libro de Daniel marca el inicio de un hermoso cántico. Inicia bendiciendo e invocando a Dios como el Dios de nuestros antepasados.

“En el contexto del libro de Daniel, el himno se presenta como acción de gracias elevada por los tres jóvenes israelitas –Ananías, Azarías y Misael- condenados a morir en un horno de fuego ardiente, por haberse negado a adorar a la estatua de oro de Nabucodonosor. En el fondo de este evento se halla aquella especial historia de la salvación en la que Dios elige a Israel para ser su pueblo y establecer con él una alianza. Precisamente a esa alianza quieren permanecer fieles los tres jóvenes israelitas…” (Catequesis de Juan Pablo II, Sobre los Salmos y Cánticos de la Liturgia de las Horas. Audiencia General de los miércoles 2 de mayo de 2001). Para nosotros hoy, estas palabras evocan nuestro pasado histórico, que el Dios de nuestros padres ha ido acompañando y guiando.

Al celebrar el Bicentenario de la Independencia, es justo volver  nuestra mirada hacia todos aquéllos que ofrendaron su vida por los ideales libertarios y forjaron la Nación que hoy somos, pues desde el inicio del movimiento independentista, centenares de abnegados párrocos  de humildes aldeas, lo  mismo que ilustres y connotados catedráticos de universidades, seminarios e integrantes de cabildos catedralicios, hasta miles de fieles católicos laicos, mujeres e incluso niños, que inspirados por un fuerte espíritu patriótico, pero sobre todo por los valores evangélicos de libertad, justicia y fraternidad, respondieron con valor al momento histórico que les tocó vivir.

Los acontecimientos que estamos celebrando, nos dan identidad como nación, con una historia en la que reconocemos el paso de Dios que elije, forma y establece su alianza con nosotros. Valoramos esta elección y a la vez reconocemos también las faltas que hemos tenido a esa alianza, los pecados que como pueblo hemos cometido, a nivel personal y comunitario, de acción o de omisión. Estimamos nuestra historia, con sus luces y sombras, con sus aciertos y con sus errores, porque en esa historia el Señor nos anima a “remar mar adentro” (Lc 5, 4), trabajando hoy nosotros, como en el pasado nuestros padres, por construir una Patria, en la que podamos vivir con dignidad, respeto, igualdad, libertad, justicia y paz, en un ambiente de auténtico desarrollo, impulsados por el Evangelio de la vida.

No podemos dejar de mencionar el papel fundamental de Santa María de Guadalupe en nuestra historia. Las palabras: “¿No estoy aquí que soy tu Madre?” (Nican Mopohua, v.119), han sostenido la fe de miles de cristianos mexicanos, sobre todo en los momentos en los que han sido más necesarios el valor, la unidad y la esperanza.

Por eso, como hermano Obispo, como católico y mexicano, les invito a no dejar de celebrar nuestra historia, sobre todo con el compromiso de permanecer fieles a la alianza que el Señor ha hecho: ser nosotros su pueblo y que sea él nuestro Dios. Hagamos un serio examen en nuestra conciencia, personal y comunitaria; pero más que nada, renovemos el compromiso de ser testigos de Dios en el mundo, para formar un pueblo verdaderamente cristiano, capaz de enfrentar los retos que se nos presentan: económicos, políticos, culturales, religiosos y sociales.

Les invito a tener en cuenta las siguientes sugerencias:

  1. Que, a partir del mes de septiembre, en todos los templos se coloque la bandera nacional.

  2. Del 9 al 15 de septiembre, celebrar la Semana de Oración por la Patria, siguiendo el subsidio que nos ofrece la Comisión Episcopal para la Pastoral Litúrgica.

  3. El miércoles 15 de septiembre, celebremos la Eucaristía por la Patria, que se encuentra en el subsidio antes mencionado.

  4. Para poder “recordar e interpretar la presencia y participación de la Iglesia en esos históricos acontecimientos” (fragmento de la Homilía de Mons. Carlos Aguiar Retes. Presidente de la CEM, 1 de septiembre de 2010), les invito a todos a leer y reflexionar la Carta Pastoral que los Obispos hemos dirigido a todo el pueblo de México, esto nos ayudará a “percibir las nuevas necesidades y potencialidades de nuestro pueblo, percatarnos de los nuevos contextos culturales y ubicarnos adecuadamente para lograr una vida digna para todos los mexicanos” (fragmento de la Homilía de Mons. Carlos Aguiar Retes, Presidente de la CEM, 1 de septiembre de 2010).

Encomendémonos a la intercesión de Santa María de Guadalupe “Patrona de Nuestra Libertad” (José Ma. Morelos y Pavón, “Sentimientos de la Nación” No. 19), y de los Santos mexicanos, para que, como verdaderos hermanos, busquemos el progreso de nuestra patria, por caminos de justicia y de paz”. De corazón les envío mi bendición de padre y pastor.

¡Felices fiestas patrias del Bicentenario!

 

Puebla de los Ángeles, a 1 de septiembre de 2010.

EscudoVictor
VÍCTOR  SÁNCHEZ ESPINOSA
Arzobispo de Puebla