La Epifanía

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Mons. Víctor Sánchez Espinosa
Arzobispo de Puebla

 

4 de enero
LA EPIFANÍA

Estamos a punto de celebrar la fiesta de la Epifanía. “Epifanía” es una palabra griega que significa “manifestación”, ya que en Jesús, nacido en Belén, Dios ha venido al mundo que creó para manifestarse como salvador de todos. Él nos rescata del pecado y nos da el poder de ser hijos suyos ¡El es la luz verdadera, que hace que seamos luz para los demás!

 Así lo comprendieron los Magos de Oriente, de los que nos habla san Mateo. Ellos eran hombres de ciencia que comprendieron que la verdadera ciencia conduce al encuentro con Dios. Con esta convicción, y al conocer las profecías que seguramente oyeron de los judíos de la diáspora, al ver surgir una inusual estrella, supieron descubrir la señal divina que los conduciría a Aquel que hace la vida plena y eterna.

Entonces se pusieron en camino. Con ellos comienza la peregrinación de la humanidad hacia Jesucristo, hacia ese Dios que nació en un pesebre, que murió en la cruz y que, resucitado, está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Los magos representan a todos aquellos que buscan, sin cansarse, a Dios, que siguen sus señales y que, cuando encuentran a Jesucristo, le reconocen abriéndole el cofre de su inteligencia, de su corazón y de su voluntad, para vivir como Él nos ha enseñado: amando a Dios, amándonos a nosotros mismos, y amando al prójimo como Él nos ha amado.

 ¿Dónde encontrar a Jesús? En su Iglesia, escuchando su Palabra, contenida en la Biblia y en la Tradición de la Iglesia; celebrando la liturgia, sobre todo la Misa dominical; conversando con Él en la oración; y sabiendo mirarlo en el prójimo, especialmente en los que están cerca de nosotros y en los más necesitados.

Los Magos dejaron su patria, casa, comodidades, familia, para adorar al Niño Dios, sabiendo que en Él encontrarían esa vida plena y eterna que nada ni nadie más les podía dar. Perseveraron a pesar de las dificultades que se les presentaron. Era un camino largo, difícil, incómodo, cansado.

El seguir a Dios implica sacrificio, pero vale la pena.
Comprendiéndolo, como aquellos Magos, vayamos a Dios que ha venido a nosotros en Jesús.