Con ocasión de la visita a la tumba del Beato Juan PabloII

EscudoVictorPALABRAS DE S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA
ARZOBISPO DE PUEBLA
CON OCASIÓN DE LA VISITA A LA TUMBA DEL BEATO JUAN PABLO II

Basílica de San Pedro, 13 de diciembre de 2011

 

Emmo. Sr. Cardenal Angelo Comastri
Vicario general de Su Santidad para el Estado de la Ciudad del Vaticano
,
Arcipreste de la Basílica Papal de San Pedro y Presidente de la Fábrica de San Pedro.

Excmo. Sr. Ing. Dn.  Héctor Federico Ling Altamirano,
Embajador de México ante la Santa Sede

Excmo. Sr. Dr. Dn. Rafael Moreno Valle Rosas,
Gobernador Constitucional del Estado de Puebla

Sra. Mtra. Dña. Martha Erika Alonso de Moreno Valle,
Presidenta del sistema DIF Estatal 

Sr. Lic. Dn. Ángel Francisco Javier Trauwitz Echeguren,
Secretario de Turismo del Estado de Puebla

Sr. Dr. Dn. Miguel Hakim Simón,
Titular de la Coordinación Estatal de Asuntos Internacionales y de Apoyo a Migrantes Poblanos

Excmo. Sr. Dn. Rodrigo Aguilar Martínez,
Obispo de Tehuacán

Excmos. Señores Dn. Dagoberto Sosa Arriaga y Dn. Eugenio Lira Rugarcía,
Obispos auxiliares de Puebla

Señoras y señores miembros de la Comitiva del Estado de Puebla para esta visita al Santo Padre y al Estado del Vaticano:

Quienes representamos al Estado de Puebla en visita oficial del Sr. Gobernador al Estado Vaticano, estamos viviendo en este día uno de los momentos más significativos del presente viaje, además del encuentro que, Dios mediante, el día de mañana nos concederá el Santo Padre, quien nos ha llenado de alegría y esperanza al anunciar oficialmente su próxima visita a nuestra patria.

Agradecemos a Su Eminencia, el Cardenal Comastri, que amablemente nos recibe y acompaña en este inolvidable recorrido a la Basílica de San Pedro, tan apreciada por innumerables personas  y “tan querida para el mundo católico”[1], como decía el Beato Juan Pablo II, cuya tumba tenemos el privilegio de visitar, y quien, refiriéndose al Tiempo Litúrgico del Adviento en el que ahora nos encontramos, comentaba:

"Adviento quiere decir, ante todo, venida… es la historia de las relaciones primeras entre Dios y el hombre… el cristiano, recoge en su propia alma el misterio de la venida de Dios, y de esta realidad su corazón recibe constantemente impulso y vida”[2].

En esta majestuosa Basílica, construida en torno a la Tumba del Apóstol san Pedro, experimentamos de modo peculiar esa presencia de Dios, que en Cristo ha venido a nuestras vidas, y quien dijo a Simón: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18). Simón es Pedro, y la piedra es “Cristo”, advierte san Agustín[3].

Al contemplar este espacio sagrado, que representa al Cuerpo de Cristo, la Iglesia, lleno de arte y de belleza, bien podemos aplicar a esta extraordinaria Basílica, aquellas palabras del noveno Obispo de Puebla, el Beato Juan de Palafox y Mendoza, con ocasión de la consagración de la Catedral de nuestra amada Angelópolis: “…estas losas, esta piedra… estos retablos… todo aspira… a que hagamos templo nuestras almas del Verbo de Dios[4].

Señoras y señores ¡Que dicha tan grande estar en este sitio, donde fe y auténtico humanismo conviven! Aquí comprendemos aquello que el Sucesor de san Pedro, el Papa Benedicto XVI, ha señalado: “No hay desarrollo pleno ni un bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo” [5].

Testigo de esto fue el Beato Juan Pablo II, quien honró a Puebla al convertirla el 28 de enero de 1978 en destino del primer viaje de su Pontificado, para inaugurar los trabajos de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que tuvo por sede nuestro Seminario Palafoxiano, fundado en 1644 por otro Beato; el Obispo Palafox.

Que por intercesión de Santa María de Guadalupe, el testimonio que Dios nos ofrece en el amado Papa Juan Pablo II, Beato, sea para todos una invitación a descubrir las maravillas que Dios puede hacer en quien lo recibe como amigo, y encuentra en Él la fuerza para entregarse al bien de sus semejantes, fijando la mirada, con alegría y esperanza, en la eternidad feliz que nos aguarda.

Muchas gracias.

 


[1] Alocución del 17 de diciembre de 1999.

[2] Alocución del 29 de noviembre de 1978.

[3] Retractationes 1,21.

[4] Citado en ARGÁIZ Gregorio, Vida de Don Juan de Palafox, Sumario sexto, n. 15.

[5] Enc. Caritas in veritate, n. 76.