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Mensaje con motivo del Domingo de Pentecostes

    Escudo Mons. Víctor Sánchez

    19 de mayo
    DOMINGO DE PENTECOSTES

    El próximo domingo concluimos el tiempo pascual con la celebración de Pentecostés, en la que recordamos y actualizamos que Cristo resucitado nos envió de parte del Padre al Espíritu Santo, la tercera Persona de la Santísima Trinidad, a quien Jesús llama “Espíritu de Verdad”, “Paráclito” (consolador), “Abogado” (Aquel que es llamado junto a uno.

    Él estuvo presente en la creación, iluminó a los profetas, inspiró las Escrituras, y, por su obra, María concibió al Hijo de Dios, a quien ungió y acompañó en su misión salvadora. Jesús, con su Pasión, muerte y resurrección comunica a la Iglesia el Espíritu Santo, que se manifestó el día de Pentecostés.

    Desde entonces asiste al Papa y a los Obispos, está presente en la Liturgia Sacramental haciéndonos partícipes de la comunión de Cristo con el Padre, intercede por nosotros en la oración, edifica y da unidad a la Iglesia a la que enriquece con carismas, ministerios, y la vida apostólica y misionera.

    Con el testimonio de los santos nos manifiesta su Santidad.

    Esta gracia del Espíritu Santo, que se nos comunica en el Bautismo, los apóstoles la transmitieron a sus sucesores los Obispos, quienes, con el sacramento del Orden, hacen partícipes de este don a los presbíteros y a los diáconos, y mediante el sacramento de la Confirmación, se hace posible que sean fortalecidos los bautizados. -El Amor, que es el primer don, contiene todos los demás dones, y “Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha dado” (Rm 5,5).

    El Espíritu Santo nos comunica la redención realizada por Cristo, y nos hace partícipes de la vida misma de la Santísima Trinidad, que es amar “como El nos ha amado”.

    Así, con la fuerza de este Espíritu, podemos vivir conforme a nuestra identidad, cumpliendo la misión que Jesús nos ha confiado: “Como el Padre me envió, así lo envío yo”. ¿A qué nos envía?: a amar, para ser como Él presencia de Dios en el mundo, y conducir a la humanidad a la comunión Trinitaria, que nos da vida plena y eterna.

    A pesar de las dificultades, sabemos que podemos amar, porque, como ha dicho san Buenaventura, por los dones del Espíritu Santo, “todos los males han sido destruidos y todos los bienes han sido producidos”, como afirma.

    “En Pentecostés –señala el Papa Benedicto XVI–, el Espíritu, con el don de las lenguas, muestra que su presencia une y transforma la confusión en comunión… porque reconstruye el puente de la auténtica comunicación entre la tierra y el cielo. El Espíritu Santo es el Amor”. Ese amor que es capaz de impulsarnos a construir un mundo mejor y a alcanzar la vida eterna.

    Que el próximo domingo, reunidos como Iglesia, con María, contemplando al Resucitado, imploremos, con todas nuestras fuerzas: «¡Ven, Espíritu Santo! Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor».

    Que Dios los bendiga y bendiga a sus familias.