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Mensaje de Pascua Abril 2011

    EscudoVictorMENSAJE DE PASCUA DE
    S. E. MONS. VÍCTOR SÁNCHEZ ESPINOSA

     
     ARZOBISPO DE PUEBLA

    Abril de 2011, Año Jubilar Palafoxiano

     

    El Evangelio narra cómo María Magdalena y la otra María se dirigían al sepulcro el primer día de la semana, tras los dolorosos acontecimientos del Viernes Santo. Acudían movidas por el amor y la gratitud a rendirle el último homenaje a Jesús, el Profeta que había transformado sus vidas.

    Entonces, la historia dio un giro sorprendente; el mensajero de Dios apareció y removió la piedra para mostrarles lo que parecía imposible: ¡El sepulcro está vació! ¡Cristo ha resucitado, venciendo al pecado, al mal y a la muerte con la omnipotencia de su amor!

    Esta es la noticia que la Iglesia proclama al mundo con renovado vigor, particularmente en la Pascua; noticia determinante para todos, ya que con su resurrección, Jesús ha llevado a la creación a su evolución definitiva. Gracias a Él, todas las cosas se renuevan, la humanidad recupera la semejanza divina, y todos recibimos el poder de ser hijos de Dios, partícipes de su vida plena y eternamente feliz.

    Cristo ha resucitado para beneficio nuestro, decía san Cirilo (cfr. “Sobre el Evangelio de Juan”, XII, 20: PG 74, 726). Él, “muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida” (Misal Romano, Prefacio de Pascua). Por eso, la Iglesia nos repite las palabras del ángel y del propio Resucitado: “No tengan miedo”. Con su resurrección, Jesús nos hace ver que todo pasa, y que al final permanecerá quien acepte entrar en la dinámica del amor, capaz de suscitar esa cadena de transformaciones que poco a poco irán mejorando al mundo, hasta alcanzar la eternidad.

    Quienes han experimentado al Resucitado, lo han comunicado a los demás, haciendo su vida plena y eterna. Así lo vivió el gran Papa Juan Pablo II, quien a pesar de la enfermedad y los problemas, perseveró anunciando el Evangelio, y ahora goza de Dios en el Cielo, como lo testimonia su próxima beatificación, el 1 de mayo.

    Así lo vivió también el Obispo Juan de Palafox, quien a pesar de los padecimientos, incomprensiones e injusticias, no claudicó en la misión de ser testigo del amor de Dios, y que ahora disfruta el triunfo definitivo, como también lo testimonia su próxima beatificación, el 5 de junio.

    Como ellos, miremos con ojos de fe el sepulcro y escuchemos la voz de la Iglesia que anuncia: “No teman. Ha resucitado”. Iluminados por esta certeza, elijamos seguir cada día el camino del amor.

    A nombre propio y de mis Obispos auxiliares, les deseo que esta Pascua sea un momento de encuentro con Cristo resucitado, cuya fuerza nos dará la gracia para vivir intensamente cada día, confiando en Dios y amando al prójimo, para que de esta manera alcancemos la vida eterna. Que Santa María de Guadalupe interceda por nosotros para que podamos hacerlo así.

     

    +Mons. Víctor Sánchez Espinosa
    Arzobispo de Puebla